Canciones durante la pandemia
Pere Llovet y Ramón Manén, compañeros del Mental, felicitaron el año con esta canción de esperanza que tardíamente compartimos.
Canciones durante la pandemia
Pere Llovet y Ramón Manén, compañeros del Mental, felicitaron el año con esta canción de esperanza que tardíamente compartimos.
Cómo volver a encontrar ilusión y esperanza
a nivel individual y grupal
Se inicia el encuentro presentando la labor del Arxiu Històric de Roquetes Nou Barris y del Memorial mostrando el Bloc.
Sigo haciendo un puente con la charla del día anterior en la que se nos acompañó a conectar con los miedos y la manera de ponerles control.
Sitúo el día de hoy en poder hablar de si podemos seguir teniendo ilusiones y esperanzas.
Una joven nos habla de que al haber tenido una hija, es donde se centran todas sus esperanzas. Otra las coloca en la existencia del amor, es en lo que más cree, en la buena relación entre las personas cercanas, de los políticos no espera nada. Surge también el continuar con salud. El seguir disfrutando de la naturaleza. La solidaridad…
Hago un paréntesis con respecto a lxs dirigentes políticos.
Expreso que me da cierta incomodidad cuando les colocamos tan separadxs de nosotrxs. Pongo el ejemplo del centro donde nos encontramos, una persona cercana dirige gran parte de las actividades; cualquiera de nosotrxs puede dirigir alguna organización; Y, ¿si nos piden que dirijamos un barrio, una ciudad?...
Considero que ahí estamos nosotrxs para señalar cúando están perdiendo las raíces del territorio y de los contenidos a los que han de dar respuesta. Los ciudadanxs de Nou Barris y sus organizaciones siempre han ido a hablar y negociar en el ayuntamiento como iguales, haciendo presión cuando se ha necesitado. Son muchos los éxitos conseguidos.
Hablamos de qué actitud tenemos ante los medios de comunicación. Todxs coincidimos en que sólo se preocupan en ganar audiencias sin importar el precio. Muchxs de lxs presentes intentan desconectar, no estar enganchadxs a las noticias. Comento que es una manera de cuidarse. Mas planteo, si creemos en estos momentos, que tanto se está hablando del daño emocional de la pandemia, si podríamos incidir en que esta preocupación se reflejase en las maneras de informarnos. Se ve difícil, aunque recor-damos aquellos contenidos que con el tiempo o los han quitado o han modificado como respeto a ciertos colectivos gracias a la presión que se ha generado.
Pasamos a centrarnos en algo más cercano, la actitud que tenemos con dicha información, vemos que nos convertimos en el eco de las mismas, en multitud de antenas que las transmiten.
Nos preguntamos, si podemos generar una
RED DE BUENAS NOTICIAS
tanto en nuestras relaciones personales como grupales. ¿Podemos visualizar en este espacio que nos acoge un árbol en el que en vez de caerse las hojas, vayan creciendo con las aportaciones de buenas noticias de quienes pasamos por aquí?
Aporto una primera noticia muy importante:
¡¡¡YA PODEMOS ABRAZARNOS!!!
Para cerrar esta historia de café, tenemos los poemas de La Princesa Inca. La fuerza de su voz, junto a la belleza y dureza de su contenido nos llena y nos impacta. Nos cuesta despedirnos.
Agradecemos el esfuerzo de las personas organizadoras del Centro Ton i Guida por estos actos en la Semana Cultural sobre Salud y Salud Mental.
RESUMEN DE LAS 3 HISTORIAS DE CAFÉ
Herramientas que nos hemos dado
para no perder la cordura
Hemos dedicado desde el Memorial del Mental 3 encuentros dedicados a este tema. Lo hemos seguido haciéndolo presencialmente en la sede del Arxiu y con todas las medidas de seguridad necesarias.
Comunico que lo primero que me vino fue el cuadro del Grito de Edward Mounch del siglo 19 y así construyo el primer cartel
Mas con algunas personas colaboradoras del Arxiu decidimos que en estos encuentros se trataba más de compartir reflexiones y emociones y, al mismo tiempo, acompañarnos valorando nuestro grupo social.
Mas también aparece como otra etapa, el desánimo, el pararse, más ganas de dormir…
Ante este estado, la pesadez y tristeza del alma con la invasión de las malas noticias por televisión, nos ayuda la solidaridad, cosiendo mascarillas, llamando a personas que sabemos que están solas, el encuentro con los aplausos en los balcones.
Verbalizamos que para la mayoría, que ya somos mayores, no aparece el miedo a morir. Sí el de contagiar a las personas queridas que tenemos al lado.
Se tienen en cuenta otros acontecimientos trágicos por pandemias o por guerras. Mas también convive el vivir una película de terror.
Hay un sentimiento bastante común de que las personas en sus actitudes cambiarán poco. Seguirá el egoísmo. Hace mucho daño el ver que, después de lo que estamos pasando, las personas se diviertan como si no existiera el contagio, no encuentren otras maneras de divertirse.
Ha crecido un poco más la relación entre lxs vecinxs.
En cuanto a la destrucción de nuestro planeta, no se entiende la existencia de empresas que lo perjudican, asentadas en el ganar mucho dinero y justificándose en que dan trabajo a muchas personas, con apoyo a veces por los gobiernos. De nuevo el egoísmo.
Se hace una critica a que hayamos construido una sociedad montada en la economía de los Servicios y el Turismo.
Se valora que a través de los medios de comunicación se haga más hincapié en las buenas prácticas medioambientales. Sí parece que ha crecido algo la conciencia de nuestra incidencia.
Mas, ahora que tanta importancia se da a los efectos nefastos de la pandemia, no se tiene en cuenta otro virus al cual estamos acostumbrándonos:
la Violencia de los contenidos televisivos y de su manera de informar.
( es un tema en el que nos gustaría profundizar en las
próximas historias de café por su relación con la
Salud Mental)
Del resumen resalto:
- La vida hay que cogerla como viene
- El miedo no nos paralice
- Seguir acompañándonos de lo bello que hay en nosotrxs, en lxs demás y en la naturaleza
- El universo es muy fuerte
Nos llama la atención que terminamos las Historias de Café conectando con las épocas de nuestra infancia, así como la de nuestros padres. Teníamos pocas cosas materiales , pero sabíamos adaptarnos y divertirnos.
Reflexiones sobre la pandemia
desde una unidad para personas con trastorno mental severo
Aprovecho para compartir una reflexión después de un año de pandemia. Ante todo me presento, soy Javier Piris, psicólogo del servicio de rehabilitación comunitaria (lo que tradicionalmente se conoce como “centro de día”) Dr. Pi i Molist para personas con trastorno mental severo, pero que en nuestra misma unidad tenemos pisos con soporte, una residencia y un club social
En navidades del 2019 comenzamos a escuchar noticias sobre una nueva enfermedad, la COVID-19. En un primer momento lo enfocamos con lejanía, con la idea de que sería algo que, si nos llegaba a afectar, no sería de forma importante. En febrero comenzamos a evidenciar que no sería así. En marzo nos confinamos y nuestro país, que probablemente llegaba tarde, aplicó algunas de las medidas más restrictivas respecto a otros países europeos.
Creo que estas han sido características que a todos nos impactaron: la sensación de falta de capacidad de prevenir y la sorpresa constante, la falta de control, la incoherencia percibida, el miedo a lo desconocido y la necesidad de adaptar nuestros esquemas mentales de forma casi constate. Recuerdo como un jueves intentaba tranquilizar a mis pacientes en un grupo y, a la salida, mis compañeros subían mesas con urgencia para que en el comedor de la residencia hubiera “distancia de seguridad”. Eso fue un jueves, el viernes ya cerramos el centro y el club social, y la residencia y los pisos se aislaron.
En ese primer momento sentíamos gran temor por como estarían nuestros pacientes, huérfanos de nuestra atención, que hasta el momento había sido prácticamente diaria. Si nosotros nos encontrábamos fatal ¿cómo estarían ellos? Intentamos recurrir a videoconferencias, grupos virtuales…. Pero la falta de medios económicos (muy pocos pacientes tenían móviles o conexiones estables a internet) nos lo impidió. Al final solo nos quedaron las llamadas telefónicas y, en algunos casos, el “whatsapp”.
Sin embargo ese primer momento supuso toda una cura de humildad. Hubo quien reaccionó mal e incluso alguna crisis,
pero la mayoría respondieron con una capacidad de adaptación de la que los profesionales muchas veces carecimos.
Ellos, con acierto nos decían, “yo ya he pasado por otras crisis personales, y peores que esta” y se mostraban tranquilos, mientras que nosotros, sobre la marcha intentábamos aprender y resituarnos.
De hecho en esos momentos de confinamiento total la mayor dificultad de las personas que atendemos no fueron los problemas mentales, sino los sociales. En esta pandemia parece que la respuesta prioritaria siempre ha sido la médica (entendida desde su vertiente más biológica). Los primeros meses tuvimos pacientes en riesgo social grave y con escasa respuesta, teniendo que aportar en ocasiones nuestros recursos personales para que tuvieran las necesidades de subsistencia cubiertas. A pesar de que esto progresivamente fue mejorando todavía a día de hoy la atención social es deficiente.
En esta misma línea creo que la salud mental no ha sido suficientemente tenida en cuenta, y mucho menos respecto a las personas con dificultades previas. Aunque en su inicio el confinamiento fue generalizado, después hubo ciertas excepciones y se permitió a las personas “con discapacidad” salir a pasear. Sin embargo en las ruedas de prensa o en las noticias siempre se referían al autismo y la discapacidad intelectual, lo cual generó mucha inseguridad sobre si las personas con enfermedades mentales graves también se podían acoger a ello, dejando en la mano de cada profesional si “firmar o no” la autorización clínica. Al poder hacer una salida terapéutica dependía de lo sensible, empática o incluso valiente que fuera tu psiquiatra o psicólogo.
A pesar de todo, nuestros pacientes siguieron afrontándolo considerablemente bien.
Su capacidad de adaptación y resiliencia ha quedado, para mí, fuera de toda duda.
Personalmente siempre intento que la relación con mis pacientes sea lo menos jerárquica posible, pero nunca había llegado al nivel de estos últimos tiempos. En muchas ocasiones creamos verdaderos equipos “paciente-profesional” donde, conjuntamente, interpretar las nuevas circunstancias en las que nos encontrábamos y ver como las podíamos afrontar.
Progresivamente las medidas se fueron “desescalando” y nuestro centro volvió a abrir, con un sinfín de medidas que un año antes nunca habríamos aceptado. A día de hoy seguimos con la actividad reducida, problemas de espacio, falta de medios tecnológicos, etc. Sin embargo seguimos, nos adaptamos y avanzamos.
Todos intentamos tirar juntos y la fuerza cooperativa es lo que nos está permitiendo no quedarnos estancados.
Sin embargo no quiero olvidar hacer referencia a los verdaderos héroes forzados de la resistencia en este año. Me refiero a los residentes de nuestra residencia de salud mental que, salvo una pequeña flexibilización en verano, han estado un año entero totalmente aislados. Hace dos semanas, estando la mayoría vacunados y con PCR’s periódicas, se les permitió salir media hora al día, en grupos pequeños y acompañados de profesionales. A día de hoy ya pueden salir una hora solos, pero solo hasta que los datos epidemiológicos empeoren de nuevo.
En este caso se sigue priorizando la visión biológica (evitar un brote de COVID) más que la de salud mental (evitar una crisis o el deterioro psicosocial). Y en el fondo probablemente un poco de discriminación, como siempre ha habido en las personas con problemas de salud mental, asumiendo que si no se actúa de esta forma “se descontrolaran” y podrán llevar a cabo más conductas de riesgo.
Esta visión no es éticamente aceptable y la experiencia de todo este año me indica además que es errónea. Como ejemplo tener en cuenta que, al menos en nuestra residencia, el porcentaje de residentes que han aceptado la vacunación, a pesar de muchos miedos, ha sido mayor que el de la población general y que el de los profesionales sanitarios.
Y el principal motivo que esgrimen es la solidaridad
(“si nos vacunamos protegemos al de al lado”).
Me gustaría creer que en algún momento aceptaremos que nuestros pacientes son más capaces y, probablemente, más fuertes que ninguno de nosotros. Ellos han atravesado ya peores tormentas y han salido victoriosos.
En lugar de encerrarlos dejémonos que nos guíen en ello.
Durante este tiempo nos han hablado de tomar las cosas con calma, de relativizar el momento, de mantenernos activos, de equilibrar los riesgos y los beneficios, de tener en cuenta que la salud no es solo la física, de la solidaridad y sobre todo, de no dejar a nadie atrás.
Javier Piris
Psicólogo
Servicio de Rehabilitación Comunitaria Dr. Pi i Molist
FOTOGRAFÍAS
COVID-19 A NOU BARRIS
CENTRE CIVIC TRINITAT VELLA
CENTRE CIVIC CAN BASTÉ
NUEVA SECCIÓN BLOC MEMORIAL DEL MENTAL
Iniciando el camino hacia otra normalidad
deseada
Ofrecemos principalmente a todos los barrios de nuestro distrito, en especial a Centros Educativos y Servicios de Salud Mental, este espacio donde compartir y dar presencia a
que surjan en el tiempo de Pandemia y que muestren la incidencia en nosotrxs de lo Perdido, de lo Ganado ??? y de las formas de superación que vamos encontrando para seguir manteniendo la salud y la cordura como seres humanos.
Así como las reflexiones y acciones que nos permitan salir a otra NORMALIDAD MÁS SALUDABLE.
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LA ERA DE LAS MASCARILLAS
Susana Volosín Psicoterapeuta, Creadora y Directora del Centro Corendins Palma de Mallorca especializado en Arteterapia |
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INTRODUCCIÓN
En España hemos salido del confinamiento. Y esa salida ha traído nuevas reacciones, temerosas o liberadas. En este último caso las restricciones fueron vividas como órdenes impuestas.
Ganó victoriosa la necesidad de abrazarse, tocarse, y sacarse las mascarillas. Por estas transgresiones y por la entrada de turistas, han surgido preocupantes rebrotes.
Por eso el gobierno ha decretado la obligatoriedad de las mascarillas so pena de multas importantes. Hay un riesgo de retornar a la tragedia de marzo con millares de contagios y muertes.
Así que el paisaje humano enmascarado, caminando por las calles, ha cambiado drásticamente nuestra visión del mundo exterior.
Y uno se pregunta: ¿Es una nueva normalidad?, como la llaman, o ¿una nueva anormalidad?
HISTORIA
A lo largo de la historia tanto en Occidente y Oriente como en África, la máscara tuvo su función y fue utilizada en muchas ocasiones. Tanto en la cotidianeidad laboral, como para los ritos telúricos o religiosos, o para los juegos seductores de los Carnavales como el de Venecia. También en el teatro japonés Kabuki con sus máscaras noh, o en el teatro griego, de donde surgió la palabra “persona”, referida a la máscara de los personajes teatrales. Goya, Stezaker, Enzor, Picasso, etc. se han inspirado en ellas.
En el Psicoanálisis, D. Winnicot habla del falso self de un individuo, como si fuera una máscara adaptativa al exterior. El camino terapéutico sería ayudar a conectar con el self auténtico, con el Yo soy profundo, entre lo personal y lo transpersonal.
En esa dimensión de lo existencial, en esos límites entre la vida y la muerte, han estado y ahora nuevamente están, las máscaras protectoras de los virus letales.
En la peste de Lyon de 1628, los médicos se enfundaban en un traje de piel que les llegaba hasta los pies, con guantes y máscaras de pájaros con un pico larguísimo. Solo sabemos que las usaban los médicos. En cambio en la trágica pandemia de la gripe española de 1918, se ven las fotos de multitudes de personas con el rostro tapado. Con mascarillas parecidas a las nuestras pero más inseguras: solo de tela y tul.
En la asombrosa pandemia que nos ha tocado vivir en este 2020, con la velocidad contagiosa y amenazante del coronavirus por todos los confines de la Tierra, la mascarilla y la distancia de dos metros, pueden ser nuestra salvación hasta que se descubra una vacuna eficaz.
Esta máscara ha venido para instalarse en nuestras vidas y en nuestros rostros por mucho tiempo y en forma masiva. Por eso podemos decir que entramos en la era de la mascarilla.
LA ERA DE LA MASCARILLA
“Todo cambia" cantaba Mercedes Sosa. Una bella canción apropiada para esta época. Un sorprendente e inimaginable cambio para toda la humanidad que nos hace tomar conciencia que somos mortales.
No solo ante la perspectiva de la muerte, sino ante la perspectiva de la vida con una conciencia corporal humana parecida.
El esquema corporal, según Schilder, como representación consciente de nuestro cuerpo, con nuestra máscara insertada en nuestro rostro, formará pronto parte de la imagen habitual de todo el mundo.
Muchos niños pequeños crecerán con esta percepción de su cuerpo y el de los demás.
China y Japón han aceptado hace tiempo, antes de la pandemia, recurrir a tapar su rostro para prevenir cualquier infección. Pero nuestra cultura occidental que hace culto al selfie y a la individualidad, no acepta esta uniformidad. Al revés, el otro es un desconocido que puede enfermarme.
El comercio de mascarillas ha inventado las mascarillas personificadas con diferentes colores, diseños, escudos, banderas, imágenes, transparencias en la boca o fotos de la propia persona como cobertura. El acceso a ellas desenmascara también diferencias sociales, ya que una familia con dos hijos y riesgo de desocupación, no puede asumir ese presupuesto ni para adquirir las básicas. No hablemos en zonas pobres de África o de Latinoamérica donde no hay ni siquiera agua y jabón para lavarse las manos.
LAS DIFERENCIAS SUBJETIVAS DE LAS MASCARILLAS
La mascarilla es diferente al antifaz, que cubre la parte superior de la cara, o a la máscara que la cubre totalmente pero que deja orificios como ventanas abiertas para los ojos, la nariz y la boca.
La uniformidad de la mascarilla reside en que tapa a todo el mundo la nariz y la boca. Por eso se la suele llamar tapaboca aunque también tape la nariz. Mis colegas y amigos Elina Matoso y Mario Buchbinder explican muy bien que las máscaras tapan y revelan. Pero este nombre acentúa la acción de tapar. Tapar las zonas más peligrosas para no recibir o emitir el virus.
A pesar de su incomodidad, es nuestra poderosa trinchera en la guerra contra este virus invisible que amenaza matarnos y matar a los otros y que nos genera angustia de muerte.
Puede ser entonces nuestro refugio, como fue nuestra casa en el confinamiento. Siendo una protección de vida para nosotros y una acto de amor hacia los demás, ¿cómo se entiende que muchos no la quieran usar?
La Salud Pública contempla las razones físicas como las enfermedades respiratorias o la discapacidad para eximir de su uso, pero deja una franja ambigua para otras razones. En ningún espacio mediático español se mencionan las causas emocionales y así se pierde una oportunidad de concientizar a la población de esos motivos.
Es nuestra tarea, como profesionales de la psicoterapia en sus diferentes enfoques, investigar sobre estas causas y hacerlas conocer para los diagnósticos. Y en la clínica privada y pública, intentar ayudar a los pacientes a conectar y elaborar lo que las mascarillas les producen.
Las diferencias subjetivas de enmascararse o desenmascararse reside en los distintos perfiles de personalidad. Reside en sus historias personales que dejan huellas en sus cuerpos. Y, siguiendo a WInnicott, en la creación de su falso o verdadero self.
Doltó diferencia el esquema corporal de la “imagen inconsciente del cuerpo”, que se va conformando debido a lo vivido a lo largo de nuestra vida. Y que con nuestra técnica puede hacerse consciente.
La máscara actúa fundamentalmente sobre la cara, como su palabra lo indica, y la cara es la sede principal de nuestra identidad. Así que al ponérsela, después de elegida, se modifica la imagen de nuestro cuerpo, de nosotros mismos y de nuestras conductas.
Para una personalidad temerosa o desconfiada, la mascarilla puede ser la salvaguarda para su rostro retraído por el miedo.
Al contrario, en los jóvenes, al no elegirlas y tapar su boca y nariz, sienten como un agravio a su libertad.
Con la boca cubierta no podemos comer, ni hablar bien, ni besaros, ni sonreír. Con la nariz tapada no podemos oler ni respirar bien. Al hablar fuerte la escucha también se altera.
Siendo una generación que no ha recibido una educación con límites claros, viven como imposición todo lo que les coarte su mundo pulsional y su placer, así como todo lo que les cambie su imagen corporal narcisista de autoafirmación.
Y su rebelión a las protecciones exigidas, en lugares como botellones y discotecas, ha sido y es una de las causas de los rebrotes actuales en Europa.
Otro ejemplo: si esta pandemia nos ha hecho sentir vulnerables, ¿qué pueden sentir las personas con cuadros psicológicos actuales que son diagnosticados vulnerables o con una imagen frágil de su propio cuerpo? Son aquellos que no han tenido un buen espejo materno donde poder reconocerse. Y que pueden perderse, caer en el vacío y en la angustia impensable.
Para ellos, la mascarilla encaja en la frase de D.Winnicott: “Es estupendo estar escondido pero desastroso no ser encontrado”. Ni encontrarse, agrego.
Así se puede comprender su rechazo a esta máscara. ¿Podemos juzgarlos y agredirlos por su transgresión, como muchos lo hacen, sin entender lo que sienten?
Me recuerda a los fumadores que no pueden dejar el cigarrillo a pesar de que sea muy perjudicial para su salud y la de los otros.
En nuestros consultorios podemos ayudar a reestructurar su imagen frágil y orientar hacia cómo usar la mascarilla alternándola con la máscara de pantalla donde no se pierde la identidad de la cara. Pero, ¿cómo ayudar a personas con estos perfiles que no vienen a consultarnos?
LA MASCARILLA TAMBIÉN REVELA
Nuestros sentidos son también nuestros medios de expresión y de comunicación afectiva. Por eso se usa la palabra “sentir” para la sensibilidad y para los sentimientos.
En la Morfo-Psicología, que es el estudio de nuestra identidad a través de nuestra cara, se toman en cuenta los tres receptores: la forma y la expresividad de la boca y la de la nariz, pero también la de los ojos.
La mascarilla no tapa toda la cara. Nos deja al descubierto los ojos y nos revela su importancia. Nos da una pista sensorial para profundizar.
En la experiencia con mis grupos he comprobado la dificultad de mirarse a los ojos, como si en nuestra cultura eso solo fuera para la intimidad de los amantes.
Galeano escribió “La historia de las miradas". Se trataba de un pueblo que no sabía mirar. Pero debido al caos social que se producía, sus dioses les enseñaron a diferenciar entre ver y mirar.
“Así aprendieron estos hombres y mujeres que se puede mirar al otro, saber que es y está, y que es otro, sin pasarle por encima […] Y que se puede mirar adentro del otro para captar lo que siente su corazón […] y aprendieron la importancia de la mirada que se mira a sí misma mirando y mirándose, que mira caminos y mira mañanas que no han nacido todavía, caminos aún por andarse y madrugadas por parirse.”
La mascarilla puede entonces indicarnos un sendero de esperanza para cambiar el futuro en nosotros mismos, en nuestros pacientes y alumnos: que ya no sea el virus el que nos contagie sino la mirada desde el Corazón, como una poderosa semilla de Vida que silenciosamente también vaya contagiando a la población.
BIBLIOGRAFÍA
Buchbinder, M, Matoso, E, Las máscaras de las máscaras, Buenos Aires, Eudeba, 1994.
Doltó, F, La imagen inconsciente del cuerpo, Barcelona, Paidós,1986.
Galeano, E, La historia de las miradas, Los otros cuentos, Buenos Aires, Red de Solidaridad con Chiapas, 2015.
Guthmann, B, Se connaitre par la Morpho-Psicologie, Alleur, Marabout, 1995.
Volosin, S, “¿Quiénes somos? De lo interpersonal a lo transpersonal a través de la máscara”, Hojas de Psicodrama, Rev. Número 61, Madrid, 2013.
Winnicott, D. El proceso de maduración en el niño,cap.4, Barcelona, Ed. Laia, 1981.
Currículum Susana Volosin
Miembro didacta de la Asociación de Psicoterapia Psicoanalítica Española (AEPP).
Ex docente del Master de Danza Movimiento Terapia (DMT), IL3, (Univ. de Barcelona).
Directora y creadora del Centro Corendins de Palma de Mallorca, especializado en Arteterapia
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