dimarts, 31 d’octubre del 2023

De la Tendresa de les Relacions

MI RELACIÓN CON EMILIA

Es sorprendente cómo revivimos al asociar, los recuerdos que parecen olvidados, si bien nunca se borraron.

Han pasado 30 años aproximadamente, desde que la vi por primera vez. Subía el paseo del Dr. Pi i Molist en dirección al Mental; ella era una Sra. joven, bien vestida, rubia, de pelo corto y estatura baja; no sabía que se trataba de una paciente, pero quien me acompañaba, la saludó y después me comentó de quién se trataba.

En la sala donde trabajaba, ya habían empezado los traslados y se habían trasladado pacientes a otros Centros. Ella era una de las pacientes destinadas a plaza en Pisos Asistidos. En una sala de tres, ella tenía su cama. Identifiqué que trastorno tenía por las subidas y bajadas de actitudes muy claras de reconocer. Se presentó una mañana con bastantes cosas personales y me las ofreció para mi si me gustaban; entre ellas habían fotos y cuadros de punto de Cruz, me dijo que si no las tirara. Pero me pareció que en esos objetos estaba mucho de ella y que más adelante le gustaría tener. Me contó muchas cosas y, lo que entendí o quise entender... necesitaba que le ayudara a poder desprenderse de esos objetos porque no podía tenerlos en el piso. Insistí, pero ya vi que sería yo la persona que guardaría sus tesoros. El cuadro era una imagen de un ángel, rubio con túnica azul y el marco del mismo color, de forma rectangular y tamaño de unos 50x30 cm. con cristal; lo había bordado embarazada como regalo para su hijo que ella lo deseaba así, un angelito rubio.

Cuando cerró El Mental me llevé conmigo el cuadro y las fotos. De nuevo volví ya como Centre de Día. Ella no creo que se acordara de que tenía sus cosas. Su cuidador tuvo mucho cuidado con ella e hizo cuanto pudo porque se adaptara a vivir en el piso con dos compañeras más; no se adaptaba y se decidió trasladar a otro Centro Psiquiátrico. Con otra paciente hizo buena amistad y habían pasado días juntas mientras vivía la madre de la amiga. La paciente con la que se amistó, tenía con otro cuidador y conmigo un vínculo de confianza. Al fallecer la madre no le permitían que pudiera sacar del Centro a su amiga y nos pidió a ambos que la ayudáramos. Yo había dejado ya de trabajar en el Centre de Día, pero no dejamos de vernos para sacarla y llevarlas a pasear y comer. Ese día visitábamos a otros/as pacientes trasladados. Fue pasando tiempo y la amiga me llamó para decir que Emilia tenía una enfermedad terminal y que estaba muy angustiada. Acostumbrada al turno de noche, decidí ir para acompañarla y, así fue, tras dos días a su lado viví su agonía y fallecimiento.

Esa mañana esperé a que llegara su familia y se presentó el hijo con su novia. Le dije que su madre siempre le quiso y que vivió su embarazo ilusionada, que yo le tenía guardado cosas que le pertenecían y debía recogerlas. La novia se implicó e hizo que viniera a mi casa. Cuando vio el ángel, también lo recordó sobre su cama y entonces emocionado lloró. Me dieron las gracias y di fin al cuidado de Emilia.


Natividad Gil

Cap comentari:

Publica un comentari a l'entrada